Si no quieres perder el norte, necesitas una brújula. Para excursiones por el campo o la montaña disfruta del placer de orientarte con un instrumento que ha sido utilizado a lo largo de la Historia por todas las culturas.

¿Qué es una brújula?

Básicamente se trata de una barra imantada dispuesta de modo que pueda girar libremente sobre un soporte vertical, de manera que uno de sus extremos señale la dirección del polo norte magnético.

Cuando un campo magnético actúa sobre la aguja imantada, esta se orienta en la dirección de las líneas de fuerza magnética. Este fenómeno es el fundamento de la brújula, ya que la Tierra se comporta como un gigantesco imán cuyos polos Norte y Sur se encuentran en las proximidades de los respectivos polos Sur y Norte geográficos. Por tanto, la brújula no apunta exactamente hacia el Norte geográfico sino a una posición cercana a él: el polo Norte magnético.

El polo norte geográfico es el punto de la superficie terrestre que coincide con el eje de rotación de la Tierra (de forma análoga se define el polo sur geográfico).

Un poco de historia de la brújula

Parece que los chinos conocían la brújula el principio de nuestra era. De ellos aprendieron los árabes, que la introdujeron en Europa en el s. XII. En el s. XV se acopló a la brújula la suspensión Cardan, que le permitía mantenerse horizontal en medio de los vaivenes del barco. La declinación magnética, es decir, la diferencia entre el polo norte magnético y el polo norte geográfico, fue descubierta por Colón en el transcurso de su primer viaje a América.